La adoración es la respuesta de nuestro espíritu al espíritu de Dios. Cuando Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma” quería decir que la adoración debe ser autentica y sentida, de corazón. No se trata solo de decir las palabras correctas; debes creer en lo que dices.