“Estoy a la Puerta” es una prédica que toca el alma con suavidad y urgencia. Habla de un Dios que no irrumpe, pero sí llama. Una invitación divina a abrir el corazón antes de que sea tarde. Íntima, desafiante y llena de gracia. Jesús no se ha ido… solo espera que le abras.