Este texto ofrece una profunda meditación sobre la necesidad de la vigilancia espiritual, basándose en el Evangelio de San Mateo (Mt 24, 42-51). Se destaca que esta vigilancia no es temor, sino una actitud proactiva de preparación y servicio ante la inesperada venida del Señor. La parábola del "criado fiel y prudente" ilustra cómo la verdadera preparación se manifiesta en la fidelidad a las responsabilidades y el servicio a los demás, en contraste con el "malvado" que se abandona a los vicios. El material se complementa con la vida de San Agustín como ejemplo de conversión, y ofrece sugerencias prácticas para aplicar la vigilancia en la vida diaria, animando a utilizar los dones en beneficio de otros y a vivir con conciencia.