Devocionales con Joel Sierra

Examíname


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Salmo 139:22-24 (La Palabra)
…Yo los odio intensamente, ellos son mis adversarios.
Sondéame, oh Dios, conoce mi corazón,
pruébame, penetra mis pensamientos;
mira si me conduzco mal
y guíame por el camino eterno.
PENSAR: El salmo 139 es uno de los salmos favoritos del pueblo de Dios. Es hermoso por todo lo que afirma sobre las maravillas de Dios. Algunos lo han considerado un salmo muy filosófico porque habla de lo profundo del ser humano y de los pensamientos de Dios.
Dios nos conoce plenamente y está más cerca de lo que pensamos. No hay forma de escondernos de su presencia, porque Dios puede llegar a todas partes. Dios nos rodea y nos envuelve con su gracia, y conoce bien todos nuestros asuntos.
Dios nos formó en el misterio de los orígenes de la vida, y sus maravillas son sorprendentes e inagotables. Cada vez que vamos descubriendo más y más detalles del funcionamiento de nuestro organismo, nos damos cuenta de la sabiduría profunda con la que Dios lo hizo todo.
Sin embargo, hay unos cuantos versos que siempre nos han causado inquietud. Es una declaración cándida, franca e ingenua de odio hacia los enemigos de Dios. Recuerdo que cuando estaba aprendiendo de memoria este salmo, me saltaba esos versos, del 19 al 22, para recitar sólo las partes agradables del salmo, haciendo un salto, desde el verso 18 para terminar con el 23 y 24.
Algunos han explicado que se trata de enemigos que no son de carne y sangre, sino aquellos enemigos que combaten espiritualmente contra nuestra alma, como el diablo, el mundo y la carnalidad. Sin embargo, en su oración original, el salmista probablemente no estaba pensando en esos enemigos espirituales, sino que tenía en mente a personas de carne y hueso.
En ese caso, el ruego del salmista recibe respuesta en la historia del Señor Jesús. Pide ser examinado, sondeado, probado y conocido, para ver si hay algo que debe cambiar, para corregir su camino. El Señor Jesús nos manda amar al enemigo, orar por quienes nos persiguen y nos odian, y dar un vaso de agua a quien busca nuestro mal.
El odio hacia el infiel es precisamente aquello que el Dios misericordioso quiere cambiar. Dios ama incluso a los ninivitas y les llama al arrepentimiento, por eso el salmista expone aquello que es precisamente su punto débil. El salmista quiere que Dios cambie aquello que no le agrada. Pues ahí está. El Señor responde este ruego, y cambia nuestro odio por amor compasivo por toda persona, incluso las que nos parecen más odiosas.
ORAR: Examina nuestro corazón imperfecto, Señor, y cambia nuestro odio por tu amor. Amén.
IR: Que Dios nos ponga en el corazón lo que haga falta para vivir según su buena voluntad.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos