Éxodo 5: Antes de la liberación vendrá la confrontación.
Éxodo 5:14-23:
14 Y azotaron a los vigilantes de los hijos de Israel que habían sido puestos por los capataces del faraón, y les dijeron: —¿Por qué no han completado su cantidad de adobes ni ayer ni hoy, como antes?
15 Los vigilantes de los hijos de Israel fueron al faraón y se quejaron ante él diciendo: —¿Por qué procedes así con tus siervos? 16 No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: “¡Hagan adobes!”. He aquí, tus siervos son azotados, cuando la culpa es de tu propio pueblo.
17 Él respondió: —¡Están ociosos! ¡Sí, ociosos! Por eso dicen: “Vayamos y ofrezcamos sacrificios al SEÑOR”. 18 Vayan, pues, ahora y trabajen. No se les dará paja, pero habrán de entregar la misma cantidad de adobes.
19 Entonces los vigilantes de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando les dijeron: “No se disminuirá en nada su cantidad diaria de adobes”. 20 Cuando ellos salían del palacio del faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que estaban esperándolos, 21 y les dijeron: —El SEÑOR los mire y los juzgue, pues nos han hecho odiosos ante los ojos del faraón y los de sus servidores, poniendo en sus manos la espada para que nos maten.
22 Entonces Moisés se volvió al SEÑOR y le dijo: —Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y tú no has librado a tu pueblo.
Este es el momento crucial donde Moisés, por primera vez, se presentó ante el faraón. Él hizo lo que nunca pensó hacer: confrontar al faraón. Moisés siguió las instrucciones del Señor. Ya se había presentado ante los ancianos de Israel, y ellos sintieron una gran esperanza, creyendo que tal vez este era el momento de liberación y donde Dios iba a cumplir su promesa a Abraham de sacarlos de Egipto. Ya habían pasado 400 años desde la promesa, y ellos clamaron a Dios, por eso Dios envió a Moises.
Ellos protestaron ante el faraón, exigiendo que los deje ir a adorar a Dios, y el faraón respondió con tareas más pesadas y tratándolos con más aspereza. Esto trajo un choque emocional fuerte entre los ancianos de Israel y Moisés. La desilusión comenzó a tomar los corazones de todos, y Moisés se frustró por el resultado de sus acciones. Nadie se esperaba este resultado. Todos pensaron que, en ese momento, el faraón los dejaría ir, pero Dios ya le había advertido a Moisés y Aarón que el faraón los dejaría ir pero no iba a ser tan fácil, tendría que ser a la fuerza.
Aquí comienza un proceso de choques de fuerzas. En los próximos capítulos veremos la lucha entre el bien y el mal; entre la brujería y el Espíritu de Dios.
Antes de la liberación, debe haber confrontación. Esta es la parte que no nos gusta. Debemos estar preparados ante la prueba, la lucha, la resistencia que el adversario pone ante aquel que quiere ser libre de la esclavitud.
No te desanimes fácilmente cuando propongas en tu corazón hacer la voluntad de Dios. La victoria y la liberación están garantizadas pero no te quedes atascado en el camino, ¡lucha y persevera!
Jesucristo le enseñó esto a los apóstoles, y ellos enfrentaron toda clase de ataques y pruebas; sin embargo, ellos nunca renunciaron a su llamado. Al contrario, ellos se sintieron dignos de sufrir por causa del mensaje del Evangelio y de llevar las marcas de sufrimiento en sus cuerpos. Ellos sabían que nada los iba a detener porque la victoria estaba asegurada, que el mensaje sería predicado a todo el mundo no importando los ataques de satanás.
Al fin y al cabo, ¡el enemigo estaba derrotado y toda autoridad se le dio a la iglesia! (Lucas 10:19).
Cuando Dios determina liberar a su pueblo de las garras de satanás, no importa los maltratos del faraón, su hora de castigo le llegará y el pueblo disfrutará de su libertad, pero primero tendrán que pasar por desprecios para que de esa manera el Señor...