Si nuestra visión es tridimensional, es decir, no plana o en dos dimensiones, sino en tres, en la existencia pasa algo parecido. Estamos acostumbrados a abordarla y vivirla más bien de forma plana, es decir, basándonos en dos dimensiones principales: nuestro cuerpo o salud y nuestra identidad sociocultural o estatus. En cambio, la tercera dimensión es la gran desconocida e ignorada, cuando, siguiendo con el símil, precisamente es la que más profundidad da a nuestras vidas.
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