El cansancio no es pecado. Lo que sí es peligroso es cuando permites que ese cansancio tome tus decisiones. Porque cuando estás agotado, tu cerebro cambia de “fe” a “supervivencia”. Y ahí el miedo se disfraza de lógica.
El cansancio no es pecado. Lo que sí es peligroso es cuando permites que ese cansancio tome tus decisiones. Porque cuando estás agotado, tu cerebro cambia de “fe” a “supervivencia”. Y ahí el miedo se disfraza de lógica.