La naturaleza de Dios es amor, y esa naturaleza está presente en cada uno de Sus hijos. El decir que se “ama a los hermanos” es importante, pero aún más lo es sustentarlo con hechos.
Los cristianos “ermitaños” no existen porque un hijo de Dios vive en un relacionamiento constante con sus semejantes, practicando el afecto fraternal (filadelfia) lo que le da fuerza, y no por estar alejado de los males de este mundo, sino fortalecido en medio de ellos.
Presentado por el Pastor Abraham Capitaine.