Jean Allouch responde afirmativamente a la interrogante de Michel Foucault sobre si el psicoanálisis puede considerarse un "ejercicio espiritual", aceptando el desafío —gesto que resume con la expresión "¡Chócala!"— de situar la práctica analítica no como una ciencia o una rama de la psicología médica (la "función psi"), sino dentro de la antigua tradición del "cuidado de sí" (epimeleia heautou) donde el sujeto debe transformarse para acceder a la verdad. Introduciendo el neologismo "spycanálisis" para designar este estatuto ético y no terapéutico-adaptativo, Allouch argumenta que Jacques Lacan fue quien, al rechazar la normalización psicológica, recuperó la dimensión espiritual del análisis al centrarlo en las relaciones entre sujeto y verdad, operando mediante elementos análogos a las escuelas filosóficas antiguas como la parrhesía, la catarsis y una transmisión particular del saber que implica una "espiritualidad del significante" y no una religiosidad