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A unos meses de cumplir 90 años, don Luis Salvador Alcalá sigue entrando a sus fábricas con la misma energía con la que abrió La Providencia, aquella pequeña tienda que se convirtió en legado familiar. Su vida, hecha de trabajo, fe y gratitud, recuerda que Aguascalientes se construye a pulso: con disciplina, con familia y con la convicción de que el esfuerzo cotidiano también puede ser herencia. Un forjador en toda la extensión de la palabra.
By HeraldoagsA unos meses de cumplir 90 años, don Luis Salvador Alcalá sigue entrando a sus fábricas con la misma energía con la que abrió La Providencia, aquella pequeña tienda que se convirtió en legado familiar. Su vida, hecha de trabajo, fe y gratitud, recuerda que Aguascalientes se construye a pulso: con disciplina, con familia y con la convicción de que el esfuerzo cotidiano también puede ser herencia. Un forjador en toda la extensión de la palabra.