Francisco Ignacio Madero fue espiritista y con sus creencias a cuestas llegó hasta la presidencia de la República. Lo acusaron de loco, de excéntrico, de ingenuo, pero no cabe duda, en la filosofía espírita encontró la fortaleza ética y moral y la convicción cívica para encabezar una de las mayores transformaciones de la historia nacional que por desgracia no vio buen fin.