
Sign up to save your podcasts
Or


El asfalto de las ciudades y la escasez de espacios verdes actúan como un multiplicador térmico que intensifica las altas temperaturas, una realidad cada vez más habitual y frecuente en nuestra región. Ante este escenario, la sección Campo Abierto del programa EgunOn Bizkaia analiza una solución clave para amortiguar el impacto del cambio climático en los entornos urbanos: los bosques urbanos. Ion Colino comparte su visión sobre cómo repensar el diseño de nuestras ciudades, superando la actual falta de planificación y conectividad entre las áreas verdes.
Hasta ahora, la planificación urbana se ha centrado mayoritariamente en la eficiencia energética de los edificios. Sin embargo, la arquitectura y el paisajismo contemporáneos están abriendo camino hacia un modelo diferente, cuyo objetivo es "hacer ciudades más dulces y más habitables con la relación con la naturaleza", ideal para combatir las islas de calor.
Actualmente, las zonas verdes disponibles suelen funcionar únicamente como válvulas de escape desconectadas de la rutina diaria. El verdadero cambio estructural pasa por integrar corredores florales y bosquetes directamente en la trama urbana. "El bosque también es paisajísticamente precioso y nos vamos a encontrar con un montón de bichillos, animales... que nos van a equilibrar el ecosistema urbano".
La viabilidad de estos proyectos para mitigar las temperaturas extremas ya cuenta con referentes internacionales consolidados. Por un lado, Milán destaca por su célebre bosque vertical, una iniciativa donde árboles y múltiples variedades de plantas se instalan directamente en las fachadas de los edificios. Por otro lado, Melbourne se posiciona como la ciudad pionera en la implantación de cubiertas y tejados verdes. Estas soluciones arquitectónicas y de paisajismo no solo mitigan el calor y el frío extremo, sino que involucran a los seres vivos para equilibrar el ecosistema urbano, controlando de forma natural plagas comunes como insectos o roedores.
La aportación verde no debe limitarse únicamente a las instituciones públicas; los ciudadanos también muestran interés en sumar vegetación frente al calor a través de sus balcones y ventanas. No obstante, este impulso particular choca frecuentemente con las limitaciones de las ordenanzas de las comunidades de vecinos y las normativas municipales.
Para que la integración de árboles de gran envergadura o zonas arbustivas en azoteas y terrazas sea viable, "esas normativas tienen que partir de los ayuntamientos para que faciliten que las nuevas reestructuraciones de los edificios contemplen que el bosque puede llegar a ser viable". Este cambio normativo resulta indispensable para avanzar hacia un entorno urbano que reduzca de forma drástica la huella de carbono dejada por materiales tradicionales como el hormigón y el acero.
By Ion ColinoEl asfalto de las ciudades y la escasez de espacios verdes actúan como un multiplicador térmico que intensifica las altas temperaturas, una realidad cada vez más habitual y frecuente en nuestra región. Ante este escenario, la sección Campo Abierto del programa EgunOn Bizkaia analiza una solución clave para amortiguar el impacto del cambio climático en los entornos urbanos: los bosques urbanos. Ion Colino comparte su visión sobre cómo repensar el diseño de nuestras ciudades, superando la actual falta de planificación y conectividad entre las áreas verdes.
Hasta ahora, la planificación urbana se ha centrado mayoritariamente en la eficiencia energética de los edificios. Sin embargo, la arquitectura y el paisajismo contemporáneos están abriendo camino hacia un modelo diferente, cuyo objetivo es "hacer ciudades más dulces y más habitables con la relación con la naturaleza", ideal para combatir las islas de calor.
Actualmente, las zonas verdes disponibles suelen funcionar únicamente como válvulas de escape desconectadas de la rutina diaria. El verdadero cambio estructural pasa por integrar corredores florales y bosquetes directamente en la trama urbana. "El bosque también es paisajísticamente precioso y nos vamos a encontrar con un montón de bichillos, animales... que nos van a equilibrar el ecosistema urbano".
La viabilidad de estos proyectos para mitigar las temperaturas extremas ya cuenta con referentes internacionales consolidados. Por un lado, Milán destaca por su célebre bosque vertical, una iniciativa donde árboles y múltiples variedades de plantas se instalan directamente en las fachadas de los edificios. Por otro lado, Melbourne se posiciona como la ciudad pionera en la implantación de cubiertas y tejados verdes. Estas soluciones arquitectónicas y de paisajismo no solo mitigan el calor y el frío extremo, sino que involucran a los seres vivos para equilibrar el ecosistema urbano, controlando de forma natural plagas comunes como insectos o roedores.
La aportación verde no debe limitarse únicamente a las instituciones públicas; los ciudadanos también muestran interés en sumar vegetación frente al calor a través de sus balcones y ventanas. No obstante, este impulso particular choca frecuentemente con las limitaciones de las ordenanzas de las comunidades de vecinos y las normativas municipales.
Para que la integración de árboles de gran envergadura o zonas arbustivas en azoteas y terrazas sea viable, "esas normativas tienen que partir de los ayuntamientos para que faciliten que las nuevas reestructuraciones de los edificios contemplen que el bosque puede llegar a ser viable". Este cambio normativo resulta indispensable para avanzar hacia un entorno urbano que reduzca de forma drástica la huella de carbono dejada por materiales tradicionales como el hormigón y el acero.