Cuando tenía 17 años tomé mi primer trabajo como cuidadora y niñera. Tuve que cuidar a una anciana, la señora Waters, que era súper rica, y tuve que cuidar de su mansión. Mi trabajo consistía en cocinar para ella, lavar la ropa, conseguirle todo lo que necesitaba, llevarla a pasear por el jardín, limpiar la casa y cuidar la casa cuando viajaba al extranjero para recibir sus tratamientos. Solía vivir allí y sin una familia propia, sentía que era el trabajo perfecto para mí.
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