Sara María Rubio Largo
Fotografía seleccionada en la modalidad «General»
En la foto podemos ver un trozo de lana de acero ardiendo en el interior de una probeta. Sí, ardiendo. ¿Que cómo es posible que el acero arda? Pues es sencillo: el acero arde porque en su composición lleva hierro y el hierro reacciona de forma rápida con el oxígeno del aire cuando se acerca a una fuente de calor como una llama o, incluso, una chispa. Eso sí, es necesario que el acero forme una madeja ahuecada de finos hilos para aumentar la superficie de contacto con el oxígeno del aire. La posición vertical del penacho de lana de acero dentro de la probeta facilita aún más la combustión y, con la luz apagada, verlo arder es un espectáculo casi hipnótico. Nos seduce el poder del fuego, ese poder que es capaz de doblegar al mismo acero.