Jesús nos llama a vivir en el mundo, pero no ser del mundo. A ser sal y luz. A ser una generación que no se doblega, que no se achica, que no se avergüenza del Evangelio. Tu fortaleza no está en tus habilidades. Tu fortaleza está en Su fidelidad. El que hizo la voluntad de Dios, permanece para siempre. Y la promesa es clara: NUNCA SERÁS CONMOVIDO.