Génesis 50: Cuando se perdona de corazón, no cabe el rencor.
Génesis 50:14-26:
14 Después que había sepultado a su padre, José volvió a Egipto junto con sus hermanos y todos los que fueron con él para sepultar a su padre. 15 Y viendo los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: —Quizás José nos tenga rencor y nos devuelva todo el mal que le ocasionamos.
16 Y enviaron a decir a José: —Tu padre nos mandó antes de su muerte que te dijéramos: 17 “Así dirán a José: ‘Por favor, perdona la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal’ ”. Por eso, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre.
José lloró mientras le hablaban. 18 Entonces lloraron también sus hermanos, y postrándose delante de él le dijeron: —Aquí nos tienes como siervos tuyos.
19 Pero José les respondió: —No teman. ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios? 20 Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien, para hacer lo que vemos hoy: mantener con vida a un pueblo numeroso. 21 Ahora pues, no tengan miedo. Yo los sustentaré a ustedes y a sus hijos. Así los confortó y les habló al corazón.
22 José se quedó en Egipto con la familia de su padre. José vivió ciento diez años, 23 y vio José a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. También cuando nacieron los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron puestos sobre las rodillas de José.
24 Luego José dijo a sus hermanos: —Yo voy a morir, pero Dios ciertamente los visitará con su favor y los hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob.
25 Entonces José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: —Ciertamente Dios vendrá en su ayuda; entonces ustedes harán llevar de aquí mis restos. 26 José murió a la edad de ciento diez años, y lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto.
En este capítulo encontramos varios eventos de fuertes emociones. Jacob muere, José llora desconsoladamente y toda la nación de Egipto lamenta por su héroe José. Además, los cananeos alrededor de la cueva de Macpela se sorprenden con la multitud de dolientes que lamentaban a fuerte voz mientras enterraban a Jacob.
Todas estas emociones removieron el pasado que los hermanos de José intentaron enterrar; ellos temieron, no pudieron ignorar este tenebroso pensamiento: ¿Será que ahora que nuestro padre no está, José va a tomar venganza por lo que le hicimos?
Ahí es cuando José nos enseña con su amorosa y noble reacción. Inmediatamente, él les recuerda lo que ya les había dicho cuando él se reveló ante ellos como su hermano, cuando ellos no sabían que el segundo al mando después de Faraón era su propio hermano; él les recuerda que fue Dios el que lo puso ahí. Si Dios permitió que José tuviera esos sufrimientos fue para un propósito divino.
Dios tornó para bien la envidia, el odio y las malas acciones de sus hermanos, separándolo de su padre, los trabajos forzados que hizo como esclavo, su servidumbre en la casa de Potifar y la falsa acusación de su mujer, la privación de su libertad y servicio en la cárcel. Dios escuchó las oraciones de José y las respondió al tiempo perfecto; Dios utilizó todas esas vivencias para formarlo y capacitarlo para un momento específico, y rescatarlos de una muerte lenta, cruel y segura por la hambruna desatada en ese tiempo.
Lo que ayudó a José a no tomar venganza ni guardar algún sentimiento de odio y rencor contra sus hermanos fue la capacidad de entender la mente de Dios, sus planes soberanos y la forma en que Dios toma la vida de alguien y la usa para mostrar compasión y desplegar Su poder, aun para socorrer al que ha sido injusto y ha obrado mal. Al fin y al cabo, el resultado de las bendiciones de Dios para con Jacob y sus hijos superó en creces las obras de maldad que los hermanos de José cometieron contra él.
Es por eso que el apóstol Pablo nos enseña que dejemos toda clase de venganza, y más bien sirvamos con amor al que...