El discurso de odio incita a la violencia, limita la diversidad, la cohesión social y pone en peligro los valores comunes y los principios que nos unen.
Promueve el racismo, la xenofobia y la misoginia, deshumaniza a las personas, las comunidades y perjudica seriamente nuestros esfuerzos por promover la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible.
Las palabras pueden convertirse en armas y pueden causar daños físicos. El impacto que lleva del discurso de odio a la violencia desempeñó un papel importante en los crímenes más horribles y trágicos de la era moderna, desde el antisemitismo que impulsó el Holocausto hasta el genocidio cometido contra grupos étnicos en Rwanda.
El discurso de odio amigos constituye un peligro para todos, por lo que combatirlo ha de ser tarea de todos, comprometámonos una vez más a hacer todo lo posible para prevenirlo, promoviendo el respeto a la diversidad y la inclusión.