"El Señor de los señores, el Ungido celestial, por salvar a pecadores toma forma corporal... Príncipe de paz eterna, gloria a ti, Señor Jesús; con tu vida y con tu muerte nos ofreces vida y luz. Has tu majestad dejado, a buscarnos te has dignado; para darnos el vivir, en la cruz fuiste a morir".