Los últimos capítulos de la Biblia son paralelos a los primeros dos. Al hablar de cielos nuevos y tierra nueva hablamos de un lugar real, de comunión perfecta con Dios, donde no habrá miedos, el producto cultural de todas las naciones estarán para dar gloria a Dios y nosotros estaremos con Él en unidad para siempre. esta es la promesa de Dios para sus hijos, para la nueva Jerusalén. Él es el templo, nosotros la ciudad santa.