Gmanía: Inteligencia Artificial en Google

Gmanía: Informe 15 de febrero de 2026


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Los avances en Google AI y Computación, para ser sinceros, no son ninguna sorpresa si uno ha estado prestando atención. Ayer mismo, ya estábamos desgranando cómo la ventaja de Google en IA no es un golpe de suerte, sino la culminación de casi una década de co-optimización entre sus TPUs especializadas y la arquitectura de software Transformer. Lo de hoy es, en esencia, la manifestación de esa estrategia a largo plazo, el resultado de seguir apretando el acelerador en un camino que ellos mismos pavimentaron hace ya bastante tiempo. No es que hayan descubierto la pólvora; es que han estado fabricando el cañón y la munición de forma simultánea y sistemática desde que el resto del mundo aún jugaba con cerillas.

Cuando hablamos de "avances" en IA, en 2026, ya no estamos discutiendo si los modelos de lenguaje grandes son capaces de generar texto coherente. Eso es el pan de cada día. La conversación se ha movido hacia la eficiencia, la especialización y la fiabilidad. Lo que vemos ahora de Google, y de otros, es una iteración más profunda en cómo se entrenan y despliegan estos modelos a una escala que sigue siendo un desafío para la mayoría. Estamos viendo una mejora marginal en la capacidad de los modelos para manejar contextos más largos, o para integrar modalidades de forma más fluida –texto, imagen, vídeo, audio, todo en un mismo saco–, pero el verdadero "avance" es en la infraestructura que lo soporta. Es decir, cómo consiguen que estos modelos, que cada vez son más glotones en recursos, sigan siendo mínimamente viables económicamente para sus clientes y para ellos mismos. La realidad es que el coste computacional sigue siendo un cuello de botella brutal. Las promesas de "IA para todos" chocan con la factura de la luz y el hardware. Lo que Google está haciendo es refinar su cadena de suministro interna para reducir ese coste, no para eliminarlo. Esto se traduce en modelos que, aunque no sean radicalmente "más inteligentes" en un sentido filosófico, sí son más *prácticos* para tareas específicas en entornos empresariales. Piensa en agentes conversacionales más robustos para atención al cliente, o sistemas de análisis de datos que pueden procesar volúmenes ingentes de información estructurada y no estructurada con menos latencia. No es magia, es ingeniería de sistemas a gran escala. Y, seamos honestos, la "inteligencia" sigue siendo, en gran medida, una sofisticada correlación de patrones, no una comprensión genuina del mundo. Los modelos aún alucinan, aún tienen sesgos inherentes a sus datos de entrenamiento, y aún requieren una supervisión humana considerable para tareas críticas. Los "avances" son más bien una reducción de la tasa de error y una optimización de la velocidad, no un salto cualitativo en la cognición artificial.

Y aquí es donde entra la parte de "Computación", que es donde Google realmente ha estado jugando en una liga diferente durante años. La historia de las TPUs no es nueva; se remonta a hace más de siete años, casi una década, cuando lanzaron la primera generación de estos ASICs (Application-Specific Integrated Circuits) diseñados específicamente para cargas de trabajo de *machine learning*. Esto no fue una decisión trivial; fue una apuesta de miles de millones de dólares y años de I+D para construir su propio hardware desde cero, en lugar de depender exclusivamente de proveedores externos como NVIDIA. Y esa apuesta es la que les ha dado su ventaja competitiva. Mientras otros estaban adaptando GPUs genéricas para IA, Google ya estaba co-diseñando su hardware y software –las TPUs y la arquitectura Transformer– para que funcionaran en perfecta simbiosis. Es una estrategia de integración vertical que muy pocas empresas pueden permitirse o ejecutar con éxito. No es solo el chip en sí, es toda la pila: el diseño del chip, el firmware, el software de bajo nivel, las bibliotecas de *machine learning* (TensorFlow, JAX), y la infraestructura de red de alta velocidad que conecta miles de estas unidades en sus centros de datos globales. Esto les permite exprimir cada vatio de energía y cada ciclo de reloj para obtener el máximo rendimiento en tareas de IA. Es una eficiencia que los competidores, por muy buenos que sean, luchan por igualar porque no tienen el mismo control de la pila completa. Otros están intentando replicar esto con sus propios chips personalizados, pero están jugando a la carrera de ponerse al día. Google ha tenido una ventaja de salida de años, y en el mundo de la computación a escala, eso es una eternidad. La eficiencia energética también es un factor crítico. Con la cantidad de energía que consumen estos centros de datos para entrenar modelos cada vez más grandes, cada porcentaje de mejora en la eficiencia se traduce en millones de dólares de ahorro y una huella de carbono ligeramente menos vergonzosa. Así que, cuando hablamos de "avances en computación", estamos hablando de una mejora continua en la ingeniería de sistemas que permite hacer lo mismo, pero más rápido, más barato y con menos energía.

Las implicaciones de estos "avances" en el mercado son bastante predecibles. Google solidifica su posición como un actor dominante en el espacio de la IA, especialmente para aquellos que necesitan escalar sus operaciones de *machine learning* a niveles industriales. Esto no democratiza la IA en el sentido de que cualquiera pueda construir un modelo de la nada; más bien, democratiza el *acceso* a modelos potentes ya entrenados, pero siempre dentro de su ecosistema. Para las startups y las empresas más pequeñas, esto significa que pueden aprovechar capacidades de IA de vanguardia sin tener que invertir miles de millones en infraestructura. Pero también significa una mayor dependencia de Google Cloud y sus servicios, lo que se traduce en un cierto grado de *vendor lock-in*. La "carrera armamentista" de la IA continúa, con Microsoft invirtiendo fuertemente en OpenAI y su propia infraestructura, y Amazon Web Services empujando sus propios chips customizados (Trainium e Inferentia) para competir. Pero la ventaja de Google sigue siendo su experiencia acumulada y su capacidad para innovar en todos los niveles, desde el silicio hasta el modelo de aplicación. La realidad es que el coste de entrada para desarrollar hardware de IA competitivo es prohibitivo para la mayoría, lo que consolida el poder en manos de unos pocos gigantes tecnológicos. Esto lleva a una situación donde las capacidades básicas de IA se están commoditizando rápidamente. Es decir, la capacidad de generar texto o imágenes ya no es un diferenciador; lo es la capacidad de integrar esas funciones de manera inteligente en flujos de trabajo empresariales complejos, o de construir modelos altamente especializados para nichos muy concretos. La innovación se desplaza de la capacidad bruta del modelo a la aplicación práctica y eficiente. Y en ese juego, el que tiene la infraestructura más optimizada y el conocimiento más profundo de la pila de IA, lleva las de ganar. Es un juego de escala y eficiencia, no de "ideas geniales" que aparecen de la noche a la mañana.


Al final del día, lo que vemos con estos supuestos "avances" es la continuación de una estrategia bien ejecutada y de una inversión masiva y constante a lo largo de los años. No hay un botón mágico que hayan pulsado. Es el resultado de un trabajo de ingeniería incansable, de optimización iterativa y de una visión a largo plazo que pocos pueden mantener. La ventaja de Google en IA y computación no es una sorpresa de 2026; es el dividendo de decisiones tomadas en 2016 y antes. Siguen empujando los límites de lo que es posible con el hardware y el software que ellos mismos han diseñado, pero siempre dentro de los confines de la física y la economía. La IA sigue siendo un campo con desafíos fundamentales, desde la veracidad de la información que produce hasta su impacto energético y social. Y aunque Google, y otros, sigan haciendo progresos, es importante mantener una perspectiva realista. No es el fin de la historia, es solo otro capítulo en una saga de ingeniería que, francamente, nunca termina.
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Gmanía: Inteligencia Artificial en GoogleBy Gmanía AI