La Biblia enseña con toda claridad que la persona que recibe a Jesucristo como Salvador y Señor personal, y por ende recibe el regalo de la justificación, comienza a disfrutar de una abundante paz con Dios.
Romanos 5:1 dice así: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Al creer en Jesucristo somos totalmente justificados de nuestros pecados y podemos presentarnos delante de Dios como si nunca hubiésemos fallado.
Al tener tal justicia y gracia, la paz de Dios comienza a brotar en nuestras vidas y fluye en todas direcciones. Ahora que le hemos recibido, debemos aprender a vivir en la paz que Cristo nos ofrece. En palabras más sencillas, debemos permitir que la paz celestial gobierne nuestros corazones.