Salmos 102.4
Mi corazón está herido, y seco como la hierba,
Por lo cual me olvido de comer mi pan.
Lamentaciones 4.1-2
¡Cómo se ha ennegrecido el oro!
¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo!
Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
2 Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro,
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!