En la víspera de Halloween de 1975, la tranquila comunidad de Belle Haven, en Greenwich, Connecticut, se convirtió en escenario de un horror impensable. Martha Moxley, una adolescente de quince años, apareció brutalmente asesinada bajo un árbol frente a su casa. El arma: un palo de golf roto, perteneciente a una de las familias más influyentes del país, los Skakel, parientes de los Kennedy.