Pedro y Juan enfrentaron una encarcelación injusta por su fe. Pero, en un giro asombroso, desaparecieron misteriosamente de la cárcel, dejando perplejos a sus enemigos. La confusión de los líderes religiosos al no encontrarlos allí, sumada a la valentía y fe en Dios de Pedro y Juan, nos enseñan que la fuerza espiritual puede abrir puertas que parecían cerradas.