Hay un canto de sirena en la cultura que nos dice: hacer mal es divertido, satisfactorio y muchísimo más rápido. Pero la idea de santidad parece ser aburrida, impuesta y fuera de moda. ¿Cuántas veces has considerado la santidad hermosa? De seguro la cultura puede estar errada en torno a este debate; ¿pero qué de la iglesia? Si bien la santidad en la Biblia es un tema que parece ser complejo, históricamente las iglesias han diferido en cómo se debe traducir la santidad en sentido práctico o cómo se debe reflejar el carácter de Jesús día a día. Algunas piensan que la santidad está reservada para el salón de la fama de grandes hombres y mujeres de fe como un museo de los santos. Otras han querido que santidad sea sinónimo de pertenecer a algún ghetto de la cristiandad; a otras le interesa algo solamente externo que tenga que ver más con estilo que con contenido. Es cierto que muchas ocasiones se le ha atribuido un significado a la santidad como algo provincial, local y secundario. Bíblicamente hablando parece ser todo lo opuesto. La santidad es un atributo primeramente de Dios y es definida por Él pues Él es el único “Santo, Santo, Santo” (Rev. 4:8). Lo que está en vista aquí es la otredad de Dios; en otras palabras, lo diferente que Él es con relación a nosotros en carácter, majestad, poder y esencia. En segundo lugar, la santificación (o el proceso de ser semejantes a Jesús) está atribuida en Jesús y efectiva universalmente para todos los creyentes a través del Espíritu Santo : “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.” (1 Cor. 1:30) Y en tercer lugar, entre otras cosas, santidad además de significar ser separados para Dios (y ahora actuar bajo esta nueva realidad y privilegio), también contiene la idea de estar disfrutando de la persona de Dios mientras vivimos y servimos. Es nuestra real identidad en Él : “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:4-6) Vemos muchas veces la santidad enlazada con el concepto de gloria. La palabra "gloria" en el texto original es sinónimo de peso, esplendor radiante, abundancia, algo substancial. La gloria es todo menos aburrida. David no solo ve la conexión de la adoración con la gloria de Dios cuando dice: “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre” (v. 2) sino que también ve que la cualidad de esa santidad de Dios y otorgada a nosotros es hermosa cuando dice: “Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad”. (v. 2) ¿Estás tú disfrutando de la hermosura de la santidad de Dios? No solo es un deber para ti servir y amar al Señor sino también un privilegio, un regalo, un gozo; tu destino. Quiera Dios que en este día te recrees observando la hermosura de Su santidad y que te reafirmes en el amor y el propósito de ser hechos santos para la alabanza de la gloria de Su gracia.
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