Cuando en el hogar hay desorden y violencia, los hijos se deforman, se llenan de complejos, de traumas y odio. En este caso, la tendencia es que los hijos cuando son grandes, imitan la mala conducta que vieron en sus padres. Por eso hay que oír y obedecer la Palabra de Dios, para que la maldición no se transmita de familia en familia: corregir a los hijos citando un texto bíblico.