La indumentaria se ha utilizado, a lo largo de la historia de la moda, como una herramienta de comunicación social. Un instrumento para la manifestación de la propia identidad, la representación del estatus personal, la exhibición de poder e incluso la exteriorización de una ideología.
En este contexto, la evolución del atuendo femenino ha estado siempre estrechamente ligada a la conquista de su independencia.
Edurne Baz repasa cómo el progresivo acceso de las mujeres a espacios tradicionalmente copados por hombres tuvo su reflejo en los códigos estéticos imperantes.