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Dicen que emigrar no es fácil, tampoco es imposible.
Han pasado ya cerca de 5 años desde que tomé la decisión de salir de Venezuela en busca de otros horizontes.
Hubo quienes criticaron lo que estaba haciendo, mientras que otros me apoyaron.
Gracias a la ayuda de familiares y amigos pude armarme de valor, recopilar dinero vendiendo mis cosas, que no eran muchas tampoco pero tenían un gran valor para mí.
Incluso hasta dinero prestado tuve que pedir para poder completar mi viaje, dinero que al final pude pagar un año después de haberme establecido.
Me ayudaron con un primer empleo también, un pequeño café en el Barrio Italia en el cual duré bastante poco por decisión propia.
Al tercer día de haber llegado, me dispuse a realizar mis trámites migratorios que no eran tan complejos para aquel entonces, bastaba con enviar una planilla de solicitud de residencia y otra serie de documentos apostillados. Todo en un sobre cerrado vía correo postal con destino a las oficinas de extranjería.
Recuerdo esa sensación de novedad que te invade al principio por encontrarte con edificaciones y gente que tiene costumbres y ritmo de vida distintas a las tuyas. Te da curiosidad de cómo irían a salir las cosas después de haber aterrizado. A veces llegué a sentir la presión de que esta sería mi última flecha en el arco y no podía no atinar al objetivo. Pues había salido de casa y regresar no era una opción-
La determinación y mi fe fueron las principales energías que me mantuvieron a flote, si no hubiera tenido una sólida convicción de fortaleza y autoestima habría terminado debilitado y cayendo en depresión…
Continuará…
By Eduardo EviaDicen que emigrar no es fácil, tampoco es imposible.
Han pasado ya cerca de 5 años desde que tomé la decisión de salir de Venezuela en busca de otros horizontes.
Hubo quienes criticaron lo que estaba haciendo, mientras que otros me apoyaron.
Gracias a la ayuda de familiares y amigos pude armarme de valor, recopilar dinero vendiendo mis cosas, que no eran muchas tampoco pero tenían un gran valor para mí.
Incluso hasta dinero prestado tuve que pedir para poder completar mi viaje, dinero que al final pude pagar un año después de haberme establecido.
Me ayudaron con un primer empleo también, un pequeño café en el Barrio Italia en el cual duré bastante poco por decisión propia.
Al tercer día de haber llegado, me dispuse a realizar mis trámites migratorios que no eran tan complejos para aquel entonces, bastaba con enviar una planilla de solicitud de residencia y otra serie de documentos apostillados. Todo en un sobre cerrado vía correo postal con destino a las oficinas de extranjería.
Recuerdo esa sensación de novedad que te invade al principio por encontrarte con edificaciones y gente que tiene costumbres y ritmo de vida distintas a las tuyas. Te da curiosidad de cómo irían a salir las cosas después de haber aterrizado. A veces llegué a sentir la presión de que esta sería mi última flecha en el arco y no podía no atinar al objetivo. Pues había salido de casa y regresar no era una opción-
La determinación y mi fe fueron las principales energías que me mantuvieron a flote, si no hubiera tenido una sólida convicción de fortaleza y autoestima habría terminado debilitado y cayendo en depresión…
Continuará…