
Sign up to save your podcasts
Or


Para aquel entonces ya existía una gran cantidad de venezolanos que habían salido del país y yo no iba a ser la excepción.
Claramente luego de aquel trago amargo de llegar a casa prácticamente con las manos vacías acrecentaron en mí el desespero de no querer estar en el lugar que me encontraba para vivir, así que empecé a mirar qué países eran los más convenientes para emigrar. Tenía amigos en Argentina, en Chile, también Aruba y algunos otros.
Hablaba con ellos y hacía preguntas concretas sobre la calidad de vida, sueldo mínimo y su gente. Cotejaba la información con el índice Big Mac, un índice que me permitía observar sin saber mucho de economía, que tan devaluada o sobrevaluada se encontraba una moneda.
Recuerdo que hacía simulacros restando del sueldo mínimo el costo de vida común y corriente y sin lujos que podría tener sólo para cubrir mis necesidades más básicas de la pirámide de Maslow mientras lograba reunir y mandar dinero a Venezuela.
Por aquel entonces Argentina ya asomaba una intención inflacionaria que había recibido Macri y me generaba dudas como para irme hacia allá. Aruba, un paraíso perfecto y lleno de mis mejores amigos y con mi segunda familia a quien siempre le doy gracias, no terminó de convencerme porque me sentía muy prisionero dentro de una isla a pesar de lo bella que es.
De España sabía muy poco y casi no tenía referencias, me habría gustado arriesgarme, pero el tema del papeleo me generaba inseguridad.
Así pues, fui viendo algunos otros países y finalmente elegí a Santiago de Chile.
Chile para aquel entonces tenía muy buenos índices, a pesar de tener a Bachellet dos en su gobierno, se veía como un país próspero, con un mercado sin problemas, la inflación no llegaba a dos dígitos, había oportunidad de trabajo, bastaba con tener un título universitario legalizado o apostillado para obtener una visa temporal por un año y de inmediato solicitar la residencia por 5 años más. Además había otra cosa que supe meses más tarde y que daba un valor agregado, los Chilenos estaban agradecidos con Venezuela ya que fueron recibidos con los brazos abiertos en la década de los 80´s cuando huían de la dictadura de Pinochet, es por eso que luego de unas cuantas décadas después, ellos sentían que nos estaban devolviendo el favor.
By Eduardo EviaPara aquel entonces ya existía una gran cantidad de venezolanos que habían salido del país y yo no iba a ser la excepción.
Claramente luego de aquel trago amargo de llegar a casa prácticamente con las manos vacías acrecentaron en mí el desespero de no querer estar en el lugar que me encontraba para vivir, así que empecé a mirar qué países eran los más convenientes para emigrar. Tenía amigos en Argentina, en Chile, también Aruba y algunos otros.
Hablaba con ellos y hacía preguntas concretas sobre la calidad de vida, sueldo mínimo y su gente. Cotejaba la información con el índice Big Mac, un índice que me permitía observar sin saber mucho de economía, que tan devaluada o sobrevaluada se encontraba una moneda.
Recuerdo que hacía simulacros restando del sueldo mínimo el costo de vida común y corriente y sin lujos que podría tener sólo para cubrir mis necesidades más básicas de la pirámide de Maslow mientras lograba reunir y mandar dinero a Venezuela.
Por aquel entonces Argentina ya asomaba una intención inflacionaria que había recibido Macri y me generaba dudas como para irme hacia allá. Aruba, un paraíso perfecto y lleno de mis mejores amigos y con mi segunda familia a quien siempre le doy gracias, no terminó de convencerme porque me sentía muy prisionero dentro de una isla a pesar de lo bella que es.
De España sabía muy poco y casi no tenía referencias, me habría gustado arriesgarme, pero el tema del papeleo me generaba inseguridad.
Así pues, fui viendo algunos otros países y finalmente elegí a Santiago de Chile.
Chile para aquel entonces tenía muy buenos índices, a pesar de tener a Bachellet dos en su gobierno, se veía como un país próspero, con un mercado sin problemas, la inflación no llegaba a dos dígitos, había oportunidad de trabajo, bastaba con tener un título universitario legalizado o apostillado para obtener una visa temporal por un año y de inmediato solicitar la residencia por 5 años más. Además había otra cosa que supe meses más tarde y que daba un valor agregado, los Chilenos estaban agradecidos con Venezuela ya que fueron recibidos con los brazos abiertos en la década de los 80´s cuando huían de la dictadura de Pinochet, es por eso que luego de unas cuantas décadas después, ellos sentían que nos estaban devolviendo el favor.