Hoy no celebramos simplemente un recuerdo. Hoy celebramos un fuego.
Hoy celebramos una invasión de Dios en la vida humana.
Hoy celebramos que el Espíritu Santo sigue descendiendo sobre la Iglesia.Pentecostés no es el final de la Pascua. Pentecostés es el comienzo de la misión.Los discípulos estaban encerrados.
Tenían miedo. Habían visto a Jesús resucitado, sí… pero seguían paralizados.Y entonces ocurrió algo impresionante:“Vino del cielo un ruido como de viento impetuoso… y aparecieron lenguas como de fuego” (cf. Hch 2).El Espíritu Santo entró donde había miedo…
y salió una Iglesia valiente.
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