Bendecir es rociar el mundo con palabras y gestos amables y llenos de benevolencia, admiración, fuerza, ternura y misericordia, es proclamar, ensalzar y realzar la belleza y la bondad de todo lo creado. Cada vez que bendigo algo, en el fondo no estoy sino piropeando a Aquel que un día, una vez culminada su obra la contemplo "y vió que era maravillosa”…