En el cuarto, que durante el día de reposo pasemos tiempo adorando a Dios en público y en privado, descansando de nuestro trabajo rutinario, sirviendo al Señor y a los demás, de tal forma que anticipemos el día de reposo eterno. En el quinto, que amemos y honremos a nuestros padres, sometiéndonos a su disciplina y dirección piadosas.