La globalización capitalista y la ideología neoliberal que la justifica han encontrado en la educación no sólo un nicho de mercado sino un instrumento de control social al servicio de valores como el individualismo y la competitividad. Al amparo del avance tecnocientífico y mediante el uso de una neolengua aparentemente aséptica (calidad, emprendimiento…) e incluso progresista (aprendizaje a lo largo de la vida, gobernanza…) esta ideología impregna todos los procesos educativos, dándoles un sesgo cada vez más utilitarista y deshumanizador, reduciendo el lazo entre el individuo y la sociedad a su dimensión económica, segmentando y burocratizando los procesos educativos. G. Saura Casanova