Jess enseaba a sus discpulos acerca de los tropiezos. Dijo que era imposible que no vengan escndalos, en medio de los creyentes. Hay un diablo que maneja a las personas que no estn consagradas y vienen a la Iglesia con sus demonios: a chismosear, robar, o contender; aparentando ser consagrados. Es necesario detectarlos: corregirlos o sacarlos fuera, por el bien de la Iglesia.