El colega llegó a su centro laboral y, como si la pesadilla de la Covid no hubiera terminado, no respetó el distanciamiento y al explicarle su colega el error que cometía respondió drásticamente que ya estaba vacunado. La vecina por su parte visitó a una amiga y sin más le plantó un beso en la mejilla como hace tiempo atrás. Y estos no son cuentos de camino, son realidades que apreciamos en nuestro municipio.