Los cristianos están llamados a ser como Jesús. En Cristo, somos nuevas criaturas y podemos ser considerados sin mancha delante de Dios (2 Corintios 5:17, 21; Efesios 1:4-8). En Cristo, también tenemos la permanencia del Espíritu Santo obrando en nosotros, santificándonos y haciéndonos más como Jesús (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18). También debemos esforzarnos como dice en el libro de Filipenses: "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:12-13). Es por el poder de Dios que somos cada vez más personas de integridad. Estamos llamados a obedecer a Dios, y, al hacerlo, somos personas con una moralidad e integridad intacta. Los cristianos deben ser aquellos que se adhieren a la verdad y que hacen buenas obras.
La "integridad" en nuestro mundo de hoy implica la incorruptibilidad moral. Los cristianos debemos ser aquellos que no podemos ser sobornados o que estamos en entre dicho, porque servimos a Dios antes que a los hombres (Colosenses 3:17, 23; Hechos 5:29). Debemos ser personas que cumplimos nuestra palabra (Mateo 5:27; Santiago 5:12). Estamos para amar a quienes nos rodean, tanto de palabra como de hecho (1 Juan 3:17-18; Santiago 2:17-18; Efesios 4:29). Estamos llamados a creer en Dios y, por consiguiente, a seguirlo en todos nuestros caminos (Juan 6:19; 15:1-17). Nuestras vidas deben alinearse con nuestra creencia en Dios y evidenciar una confianza de que Sus caminos son los mejores (Proverbios 3:5-6).