El autor sostiene que los debates sobre si «ya tenemos IAG» son improductivos y propone en su lugar un hito más claro y consecuencialista: una población de IA totalmente autosuficiente que pueda sobrevivir, reproducirse y crecer indefinidamente sin los seres humanos, lo que, en su opinión, es plausible que se alcance en un plazo de 5 a 10 años.