No son los lazos sanguíneos los que te unen a otra persona, es la sonrisa que te contagia, la mirada protectora, la palabra sin juzgamiento, los gestos de amistad, el abrazo que atrapa y la mano siempre extendida
No son los lazos sanguíneos los que te unen a otra persona, es la sonrisa que te contagia, la mirada protectora, la palabra sin juzgamiento, los gestos de amistad, el abrazo que atrapa y la mano siempre extendida