El pueblo de Nápoles se sentía olvidado, marginado y despreciado por el resto de Italia. Todo cambió con la llegada de Diego Armando Maradona, cuyos triunfos en la cancha devolvieron orgullo y dignidad a una ciudad herida.
Para los napolitanos, el “10” dejó de ser un futbolista y fue elevado a la categoría de Dios. Pero la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990 marcó el punto de quiebre.
Amor convertido en traición, idolatría enfrentada a la patria, y un vínculo eterno que se fracturó para siempre.
Narrado por Ernesto Contreras.
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