Nuestra IMPIEDAD, nuestros falsos juramentos; nuestra injusticia; nuestra incorrección; nuestro endurecimiento;nuestra rebelión; todo eso somos y más sin Jesús, entonces; ¿nos merecemos a nuestros gobernadores que Dios a puesto? ¿Nos merecemos nuestra economía que tenemos?¿o en realidad somos buenos, justos y santos? No, no lo somos, ¡¡En realidad hermanos y hermanas, nos merecemos justamente lo que tenemos!!