las reminiscencias de la Pascua en el comienzo de esta segunda parte
del Tempo Ordinario. Hoy, con la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno
Sacerdote. Mucho toca a España, tierra de María y de Santos, en la
introducción de esta Celebración. Cristo tiene el Sacerdocio que
no pasa. Tenemos un Sumo Sacerdote capaz de compadecerse de nuestras
debilidades.
De esta forma se pone de manifiesto cómo el Señor nos
ha querido hacer partícipes de su Sacerdocio. Él ya no muere más
después de resucitar de entre los muertos, porque ha entrado de una
vez para siempre en el Santuario del Padre. Así ha anulado los
sacrificios de la Antigua Alianza. Nosotros pertenecemos a una Sangre
purificadora que habla mejor que la de Abel.
Vosotros os habéis
acercado al Monte Sión, la Montaña del Dios Vivo. No temas pequeño
rebaño, mi Padre ha tenido a bien daros el Reino. La
tradición de esta festividad se remonta a principios del siglo XX ya
que algunos Misales traían esta conmemoración. Son algunas Pasajes bíblicos que aluden a esta Celebración.
En 1971 se introduce
y en 1973 el obispo de Valencia Don José María García Lahiguera,
incrementa sus esfuerzos en bien de que sea vivida en toda la
Iglesia. Al principio se fija para cada 22 de agosto pero
posteriormente se traslada Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote al
jueves de la Semana del Tiempo Ordinario, inmediatamente después de
Pentecostés, tal y como la conocemos ahora.
Los
últimos Pontífices Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, han
querido dar una importancia especial a este día, pidiendo que se ore
de forma especial por las vocaciones sacerdotales. Además coincide
en jueves, día Eucarístico y Sacerdotal por excelencia.