Devocionales con Joel Sierra

Jesus and Sectarianism


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Marcos 9:38-41 (La Palabra) Juan le dijo: — Maestro, hemos visto a uno que estaba expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros. Jesús contestó: — No se lo prohíban, porque nadie puede hacer milagros en mi nombre y al mismo tiempo hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a nuestro favor. Y el que les dé a ustedes a beber un vaso de agua porque son del Mesías, les aseguro que no quedará sin recompensa. PENSAR: El sectarismo está fundado en la idea de que el ministerio es una posesión nuestra; es nuestra propiedad privada. Sólo los que estamos en nuestra organización podemos realizar las tareas propias del ministerio, como el ganar terreno para Dios contra el enemigo. Tiene la apariencia de piedad, porque da la impresión de ser una preocupación muy bien intencionada, de proteger la integridad del ministerio, pero en realidad es la manifestación del afán de proteger nuestro nombre, nuestro prestigio. El sectarismo produce actitudes de prohibición. Con motivaciones sectaristas, se prohíbe la fraternización y la colaboración; se prohíben los diversos aspectos del ministerio: orar, proclamar el evangelio, comer juntos la Cena del Señor. Se prohíbe usar el nombre poderoso de Cristo, como si ese nombre fuera nuestra propiedad exclusiva. El sectarismo nos hace pensar que sólo “los nuestros” tienen la teología correcta, la sana doctrina, el cristianismo verdadero. Ante nuestro sectarismo, el Señor Jesús se levanta para contestar: “No prohíban”. Porque el nombre poderoso de Cristo implica una identificación directa con el Señor, sin tener que pasar por nuestras organizaciones, grupos, sectas y denominaciones. No nos damos cuenta que toda aquella persona que ministra en el nombre de Cristo está a nuestro favor, aunque pertenezca a otra organización o denominación. Está trabajando a nuestro favor, si es que nuestra causa es la causa del reino de Dios. Sólo será competencia si acaso uno de los dos está sirviendo al enemigo. Por eso debemos tener mucho cuidado de no caer en las trampas del sectarismo, que tanto daño le ha hecho a la misión cristiana. En realidad, el ministerio no es de nuestra propiedad. Es un trabajo de equipo, y es un equipo muy grande, que incluye hasta los más inesperados. Aquella persona que colabora con nosotros de la manera más sencilla (incluso si sólo nos da un vaso de agua como apoyo a la misión cristiana) también recibirá la recompensa de ser misioneros de vida. Dejemos de pensar en términos de propiedad, de quienes “nos ayudan” o “nos hacen algún favor” para cumplir con “nuestra” misión. Participamos de la gracia de servir al nombre del Señor Jesús, y lo hacemos con tremenda alegría. ORAR: Señor, perdona nuestras actitudes sectaristas, y que podamos abrir el corazón, hoy. Amén. IR: El pecado no tiene la última palabra y no nos dejará esclavizados para siempre.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos