Es precioso ver cómo Jesús, al oír el llamado de este hombre, hace una pausa en su camino. Antes de entrar en Jericó, en medio de su caminar al encuentro de su destino, Jesús mira a este pobre y sufriente desvalido. Y oye su pedido. Y lo sana. Una breve pausa, pero que cambió para siempre el destino de este hombre.