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Vivimos en una sociedad hipersuxualizada que promete libertad, intimidad y realización inmediata a través del impulso y la gratificación sexual. Pero a pesar de más acceso y “libertad” sexual que cualquier otra generación, hay niveles récords de aislamiento, culpa, divorcios, adicción a la pornografía, la sensación de ser “usado” y la incapacidad de formar relaciones significativas.
Sin embargo, vemos en la Escritura que la sexualidad es un diseño de Dios y es algo bueno y puro. Dios lo diseño para la reproducción del ser humano, pero también para ser disfrutado. ¿Por qué entonces algo tan bueno puede llegar a ser tan perjudicial en la vida privada, familiar y en la sociedad? La respuesta es que la sexualidad se ha usada fuera de la voluntad de Dios.
¿Y cuál es, entonces, la voluntad de Dios?
¿Qué es adoración? Muchas veces solemos asociar adoración con la participación litúrgica del culto. Cantar, levantar nuestras manos, elevar oraciones, presentar nuestras ofrendas o servir en algún área dentro de la iglesia.
Y aunque estas cosas son buenas, no son el indicativo de una verdadera adoración. Porque podemos honrar a Dios con nuestros labios, pero tener nuestro corazón lejos de Él. Entonces, ¿cuándo ofrecemos verdadera adoración a Dios?
La verdadera adoración no ocurre en un templo, sino cuando entregamos diariamente nuestra vida a Dios, permitiendo que Él transforme nuestra mente para seguir viviendo según su voluntad.
Cuando enfrentamos procesos dolorosos tendemos a encerrarnos en esa experiencia y perder de vista las nuevas misericordias que Dios tiene para nosotros. Sin embargo, necesitamos dejar el dolor del pasado para abrazar la esperanza futura que Dios nos ofrece en Cristo.
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