El hombre no está destinado a una existencia minúscula y momentánea sino a un cuerpo resucitado que estará perfectamente hecho para disfrutar los nuevos cielos y la nueva tierra o para soportar la terrible y eterna ira de Dios.
El hombre no está destinado a una existencia minúscula y momentánea sino a un cuerpo resucitado que estará perfectamente hecho para disfrutar los nuevos cielos y la nueva tierra o para soportar la terrible y eterna ira de Dios.