Había una vez en un tranquilo gallinero en Islandia, una rata muy peculiar llamada Juana. A diferencia de las demás ratas, a Juana no le gustaba revolver la basura ni buscar restos de comida por ahí. Tenía una pasión muy particular: planchar la ropa. Sí, así es, Juana encontraba una gran satisfacción en alisar y dejar impecables las prendas de las gallinas del gallinero. Las gallinas estaban fascinadas por la habilidad de Juana y la forma en que dejaba sus plumas perfectamente lisas y ordenadas. Juana les daba un toque de elegancia y estilo a cada una de ellas. Las gallinas no podían evitar sentirse especiales cuando llevaban sus plumas recién planchadas. Un día, una tormenta invernal azotó la región. El gallinero se cubrió de nieve y las gallinas temblaban de frío. Juana, preocupada por sus amigas emplumadas, decidió que tenía que ayudar de alguna manera. No solo quería planchar sus plumas, sino también asegurarse de que estuvieran abrigadas y cómodas. Juana se puso manos a la obra y se convirtió en la modista del gallinero. Utilizó su ingenio para crear pequeños abrigos de tela a medida para cada gallina. Usó telas suaves y cálidas que encontró en el gallinero y las cosió con habilidad, asegurándose de que cada prenda fuera única y reflejara la personalidad de cada gallina. Pronto, las gallinas aparecieron con sus nuevos abrigos. Se movían con elegancia y se mostraban orgullosas de sus prendas hechas por Juana. La rata había logrado transformar el gallinero en una verdadera pasarela de moda. Las noticias sobre las habilidades de Juana se extendieron más allá del gallinero. Los animales de la granja vecina se enteraron de la rata modista y acudieron al gallinero en busca de sus servicios. Juana, con su espíritu generoso, no pudo resistirse a ayudar a otros animales, y pronto se encontró planchando y diseñando prendas para cerdos, vacas y ovejas. La fama de Juana se expandió rápidamente por toda la región. Incluso los humanos escucharon hablar de la habilidad de la rata modista y vinieron a presenciar su talento. Los periódicos locales escribieron artículos sobre el fenómeno de Juana y cómo había logrado unir a todos los animales a través de su habilidad para la moda. Juana, aunque disfrutaba de la atención, nunca se dejó llevar por la fama. Siempre mantuvo su humildad y su deseo de ayudar a los demás. Continuó planchando y diseñando ropa para todos los animales de la granja, creando un vínculo especial entre ellos. Con el tiempo, Juana se convirtió en un símbolo de unidad y cooperación en la granja. Su habilidad para planchar y diseñar ropa no solo abrigaba a los animales, sino que también los unía en un espíritu de amistad y colaboración. Y así, la rata Juana vivió felizmente en el gallinero, rodeada de amistades y admirada por todos. Su pasión por planchar y su generosidad dejaron una huella imborrable en el corazón de todos los animales de la granja, quienes recordarán siempre a la increíble rata modista que les enseñó que la verdadera belleza radica en la amabilidad y en el valor de ayudar a los demás.José Pardal
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