Abel no era tan justo como dice la Biblia, porque se dedicaba a la crianza de los llamados animales para que finalmente los llamados animales o No Humanos tengan finales aterradores: la muerte sangrienta para saciar el sentido del gusto irreflexivo y nada misericordioso, aspectos que la llamada humanidad toda no toma en cuenta ni quiere hacerlo, dando motivos para la irremediable condenación eterna de la especie humana.