Siguiendo con aquello de la falta de criticidad y de reflexión en la escuela y en la vida cotidiana, observamos que mucha gente no tiene mayor noción de las reglas de acentuación y tampoco hay mayor interés en tenerla. Pongo una tilde sobre una letra porque alguien me dice que ahí va y listo. Una de las cosas que llaman la atención es la antigua y falsa afirmación de que "las mayúsculas no llevan acento". Si esto es así ¿para qué nos matamos en aprender las complicadas reglas de acentuación si la palabra se lee igual con o sin tilde? Esa es una pregunta que podrían hacerse todas las personas que realmente se esforzaron por aprender esas reglas o recibieron baja calificación en la escuela por no conocerlas. Sin embargo, ese cuestionamiento como tantos otros está ausente. Nuestra reflexiones se refieren a este tipo de ausencias y pretenden ayudarnos a pensar críticamente sobre ello y por extensión sobre todo lo que hacemos y nos rodea en la vida.