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Hay episodios que empiezan con una pregunta sencilla y terminan completamente fuera de control.
En este caso todo empieza con Tarzán. En las páginas de Tele Indiscreta aparece Los tres desafíos de Tarzán, protagonizada por Jock Mahoney, y la pregunta es inevitable: ¿cuántos actores han interpretado a Tarzán?
La respuesta nos lleva por una auténtica jungla cinematográfica: Elmo Lincoln, Johnny Weissmuller, Lex Barker, Gordon Scott, Ron Ely, Christopher Lambert, Casper Van Dien y un montón más. Cine, televisión, animación, parodias y producciones que probablemente no sabíais que existían. Porque una vez que empiezas a tirar del hilo de Tarzán, la cosa no tiene remedio.
También recuperamos Barrio Sésamo: su origen, el concepto de Sesame Street, cómo se adaptó y cómo terminó llegando a España. Un repaso a uno de esos programas que forman parte del ADN televisivo de toda una generación y que, como suele ocurrir en Tele Indiscretos, acaba llevándonos por caminos bastante menos infantiles. En concreto, hasta Ruth Gabriel y Días contados.
Y todavía queda espacio para Los siete magníficos del espacio, aquella demencial mezcla de western, samuráis y ciencia ficción producida por Roger Corman, con James Cameron metiendo mano en los efectos especiales y una Sybil Danning convertida en uno de los iconos de la función.
Precisamente Sybil Danning protagoniza nuestra sección Batín de Lino o Pijama de Pino, donde repasamos una carrera que pasa por la ciencia ficción, la explotación cinematográfica, la televisión de los 80 y algunas películas que hoy son puro material de culto.
Todo esto mientras seguimos hojeando Tele Indiscreta, recuperando películas imposibles y descubriendo que aquella revista tenía bastante más material del que parecía.
Tele Indiscretos: televisión, cine, nostalgia, cultura popular y dos personas incapaces de mantenerse mucho tiempo dentro del tema que habían empezado.
En este episodio de Tele Indiscretos nos ponemos con uno de esos pilotos que prácticamente forman parte del ADN de la televisión de los 80: El Equipo A.
Pero ojo, porque el Equipo A que encontramos en Mexican Slayride todavía no es exactamente el que tenemos metido en la cabeza. Face no es Dirk Benedict, sino Tim Dunigan, al que ya conocemos de Sensación de Vivir y que después acabaría convertido en Captain Power. Y tampoco está todavía la famosa furgoneta negra y roja. Ni siquiera Hannibal ha terminado de convertirse en el Hannibal que todos recordamos.
Hablamos de Tim Dunigan, de la evolución de los cuatro personajes, de esa curiosa transformación del Equipo A desde una serie de acción relativamente seria hasta una especie de dibujos animados con actores, donde pueden caer toneladas de explosivos, dispararse cientos de balas y estrellarse media docena de vehículos sin que prácticamente nadie se haga daño.
También nos fijamos en algunos de los detalles deliciosamente absurdos del piloto: México convertido en una especie de parque temático de guerrilleros, el asunto de los yenes en Hanoi, los disfraces de Hannibal, Murdock, M.A., Face y esa estructura narrativa que básicamente consiste en que cuatro tíos llegan a un sitio, se meten en un lío, parecen estar jodidos y entonces Hannibal sonríe y empieza a construir cosas.
Y sí: también tenemos tiempo para hablar de José Luis Moreno y pedirle públicamente disculpas por todas las cosas feas que hemos podido decir de él. Todo ha sido por las risas, José Luis. Estamos seguros de que un hombre con semejante sentido del humor lo entiende perfectamente. Y si no, que conste que Antonio Lozano no quería decir nada malo y que la culpa es de Javi, que ya sabemos todos que es una mala influencia. Lo decían en Fasebonus. Y los veganos tampoco pueden estar equivocados: son moralmente superiores.
Además, anunciamos un pequeño cambio de planes: Tele Indiscretos pasa a publicarse los lunes, porque al parecer eso del SEO y esas mierdas también hay que tenerlo en cuenta. Y quién sabe si, por aquello de la vida, acabamos pasando a un ritmo quincenal. Lo importante es que seguimos haciendo el programa a nuestra manera y, sobre todo, seguimos pasándolo igual de bien.
Televisión de los 80, nostalgia, cachondeo, pilotos imposibles y dos tipos intentando organizar un podcast mientras descubren que organizar un podcast es bastante más complicado que montar un vehículo blindado con cuatro herramientas y una caja de cerillas.
Tres comentarios.
Solo tres.
Y me da igual.
Me da exactamente igual que hayan llegado tres comentarios, igual que me da igual ponerme ahora a buscar el flyer original de la recreativa de Ant Eater, de Tago Electronics. Porque este arcade forma parte de los Arcade ZX Collection de Bubu Marcianito.
Y si no sabéis quién es Bubu, os lo voy a decir yo.
Porque hace ya un tiempo que nos dejó.
Porque se lo debía desde entonces.
Porque nadie lo merece mas que el.
Bubu era uno de esos tipos que hacen la vida un poquito mejor. Un tío simpático, un sevillano gracioso sin pretenderlo, un tipo noble, un retroaficionado comprometido y, lo más importante de todo, un amigo.
Bubu era de esos aficionados que hacen grande esta afición que compartimos. De los que consiguen que aquel foro, aquel grupo o aquella página por la que pasan sea un sitio un poquito mejor. Y además era de esos que, como diría nuestro añorado Rajoy, hacían cosas.
Y no pocas.
Todavía debe quedar por ahí alguna recreativa funcionando con su maravilloso ARCADOS, aquel sistema operativo basado en MS-DOS que desarrolló para montar recreativas domésticas. Porque Bubu no era solamente de los que hablaban de retro. Era de los que se ponían delante de un teclado y hacían que las cosas sucedieran.
Recuerdo especialmente una historia.
Bubu estaba programando una versión para Spectrum de Frogger. En uno de aquellos viajes a Madrid, a una de las primeras RetroMadrid o a una de las últimas MadridSX —ya no me acuerdo bien—, nos estaba contando la dinámica del juego mientras viajábamos con mi mujer.
Y ella, después de escuchar atentamente la explicación, le soltó:
«Espera, ¿me estás diciendo que estás programando un juego de una rana que tiene que saltar de tronco en tronco para cruzar un río porque, si no, se ahoga?»
Pausa dramática.
Y entonces:
«¡Una puta rana y no sabe nadar!»
En ese momento, Bubu decidió abandonar el proyecto.
Bueno... probablemente no fue exactamente así.
Pero él decidió que había sido culpa de mi mujer.
Y no había ocasión en la que nos volviéramos a encontrar y no me recordara que le dijera a mi mujer que, por su culpa, el mundo se había quedado sin la mejor versión posible de Frogger para Spectrum.
Y nosotros, por supuesto, nos pedíamos otra cerveza.
Y seguíamos hablando de juegos, de máquinas viejas, de Spectrum, de proyectos, de la vida...
Porque al final eso era también Bubu.
No solo las cosas que hizo.
Las conversaciones.
Los viajes. Las cervezas. Las risas. La gente que conocías a través de él.
Bubu nos dejó y es una putada muy gorda.
No hace tanto, volviendo al pueblo, mi mujer y yo pusimos en el coche un CD de pasodobles para dar por saco a los niños. En un momento nos miramos y dijimos:
«¿Te acuerdas del viaje que les dimos a Bubu y a Ricco en el coche recién estrenado, obligándoles a escuchar este mismo CD?»
Y te ríes.
Porque te acuerdas.
Pero también lo echas de menos.
Lo echo de menos, joder.
Por eso, las escasas ocasiones en las que conecto mi Spectrum, una de las primeras cosas que hago es cargar alguna de sus versiones de clásicos arcade. Esas cintas que le compraba de estrangis cada vez que venía a una RetroPixel.
Y por eso hoy tenemos aquí Ant Eater.
No porque sea necesario hacer una descripción cojonuda del juego.
Sino porque Bubu hizo que este juego llegara a mi Spectrum.
Y porque me apetecía dedicarle este pequeño espacio.
Es posible que esta no sea la descripción que esperabais para un ADLS.
Me da igual.
Es la que me apetecía escribir.
En memoria de un tipo enorme que, no me cabe ninguna duda, allá donde esté, estará dándole cera a un gomas celestial, peleándose con algún hardware imposible y programando la mejor versión posible de algún arcade clásico.
Y probablemente, además, diciéndole a alguien que una puta rana debería aprender a nadar.
Hasta siempre, Bubu.
Cuatro comentarios.
Ni tres, ni cinco. Cuatro. Y a estas alturas de la película tampoco vamos a ponernos exquisitos.
Porque tenemos la plancha acumulada hasta las cejas y, mientras escribo esto, hay tres programas más en cola esperando su turno. Así que hoy toca aquello de menos hablar y más publicar, que llevamos una temporada en la que editar un programa de ADLS empieza a parecerse peligrosamente a gestionar una pequeña productora audiovisual.
El juego de esta semana es Robo Army, que está muy bien y todo eso, pero sinceramente ahora mismo lo importante es que esto salga de aquí, llegue a iVoox y podamos seguir con el siguiente.
Cuatro comentarios, programa listo y a otra cosa.
Que quedan tres.
Hasta la semana que viene… si conseguimos quitarnos la plancha de encima. 😅
🎧 Escucha el programa y participa en el próximo:
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¡SEIS COMENTARIOS!
Seis.
SEIS.
Y mira que uno viene hoy dándose patadas en el culo, dispuesto a quitarse esta mierda de encima en un rato, porque tengo cosas que hacer, cojones. Concretamente me quiero ir al gimnasio a ponerme los glúteos duros como la cara de algún presidente… y cuando ya estoy mentalizado para sacar esto adelante a toda leche, ¡PUM! Batimos el récord de comentarios.
¿Pero vosotros qué queréis de mí?
Porque, claro, luego nos quejamos de que llegan pocos audios, de que participan siempre los cuatro de siempre, de que predicamos en el desierto, de que el salón parece una residencia de ancianos cerrada por vacaciones… y en cuanto digo “venga, voy a publicar rápido y me piro”, aparecéis seis.
SEIS.
Así no se puede.
Aunque, bien pensado, también es verdad que esta vez habéis ido a lo fácil. Porque con Shadow Warrior cualquiera mete cuchara. Estamos hablando de un auténtico clasicazo, de esos juegos que han sido versionados, portados, revisados, emulados, recuperados y exprimidos hasta la médula. Un juego que forma parte de esa memoria colectiva de los salones recreativos que hace que, aunque hayan pasado treinta años y pico, uno vea cuatro píxeles en pantalla y diga: hostia, esto lo conozco yo.
Y además es de esos títulos que dan para hablar.
Que si el ninja, que si las hostias, que si las armas, que si los enemigos, que si aquello de echar una moneda y empezar a repartir estopa como si no hubiera mañana… Vamos, que cuchara había para todos, y esta vez habéis venido con el cucharón de servir la fabada.
Y oye, se agradece.
Porque podremos estar hasta las narices de editar, de montar audios, de escribir descripciones y de intentar que esta criatura siga respirando mientras tenemos tres programas más esperando en la cola, pero cuando aparece un juego como este y llegan seis comentarios, uno tiene que reconocerlo:
esto es lo que hace que ADLS siga teniendo sentido.
Así que nada, al gimnasio que me voy.
Que ya que habéis hecho vuestro trabajo mandando audios, ahora me toca a mí hacer el mío intentando conseguir unos glúteos de acero. Aunque viendo el panorama, igual antes conseguimos publicar los tres programas pendientes.
Y eso sí que sería un milagro.
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IMPORTANTE: estamos en plena mudanza de la ACHUS. El antiguo feed La ACHUS Presenta desaparece y cada programa se queda con su propia casa: Teleindiscretos, MS-DOS Club y El Arcade De La Semana.
Así que suscríbete al nuevo feed de ADLS y no nos obligues a ir casa por casa configurándote el móvil, que bastante tenemos ya con lo nuestro.
Hasta la semana que viene. Y gracias por los seis audios, cabrones.
ADLS #309 — Tokyo Rumble Formation
Cuatro comentarios.
Vamos con un poquito de retraso, que las vacaciones han terminado pero parece que todavía estamos recogiendo los calcetines de debajo de la cama, así que a ver si conseguimos volver a coger ritmo y ponernos al día.
Aunque, pensándolo bien, tampoco hay que correr demasiado. Ya hemos demostrado que podemos estar más de trescientas semanas haciendo esto, así que unos días de retraso tampoco van a hundir la industria del podcast.
El caso es que hoy es mi cumpleaños.
51 años.
Cincuenta y uno.
Y aquí me tenéis.
Editando Tokyo Rumble Formation.
Y uno, al verse con 51 añitos recién cumplidos, delante del ordenador, cortando silencios, juntando audios y preparando otra descripción para un podcast que escuchan cuatro gatos —bueno, cuatro personas y un gato importante— empieza inevitablemente a hacerse preguntas.
"¿Es esto lo que querías ser de mayor?"
...
Pues mira.
No.
Probablemente no.
Pero tampoco tenía un plan especialmente mejor.
Así que aquí estamos.
A los 51.
Con trescientas y pico semanas de salones recreativos a nuestras espaldas, una colección de juegos que ya empieza a parecer una enfermedad, cuatro comentarios para Tokyo Rumble Formation y la firme convicción de que, si algo hemos aprendido con los años, es que la vida rara vez acaba pareciéndose a lo que uno imaginaba cuando era joven.
Y quizá tampoco está tan mal.
Porque entre trabajos, obligaciones, vacaciones, cumpleaños, las cosas del molar™ y demás historias de la vida adulta, aquí seguimos sacando un rato para jugar, hablar de máquinas viejas y hacer el idiota alrededor de un micrófono.
Así que...
51.
Cuatro comentarios.
Un poco de retraso.
Y otro programa más.
A ver si nos ponemos al día.
O no.
Que tampoco vamos a empezar ahora a tomarnos esto demasiado en serio.
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El viejo feed de La ACHUS Presenta está en proceso de desaparecer, así que si todavía no habéis cambiado la suscripción, este es un momento estupendo para hacerlo.
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Y nada...
Nos vemos en el siguiente.
Si a los 51 sigo haciendo esto, a los 52 ya no respondo de mí.
Hemos vuelto de vacaciones. Y, fieles a nuestros principios, hemos decidido que los planes que teníamos antes de irnos de vacaciones estaban muy bien... pero que igual era mejor hablar de Verano Azul.
En este episodio nos acercamos a una de las series más importantes de la televisión española de los años 80. Hablamos de Antonio Mercero, del rodaje en Nerja, de la pandilla formada por Javi, Pancho, Tito, Piraña y compañía y de una serie que, pese a parecer destinada al público infantil, se atrevió con divorcios, conflictos familiares, drogas, especulación urbanística, ecología y hasta la muerte.
También ponemos el foco en Ayo, el mítico dueño del chiringuito que se convirtió en uno de los escenarios reconocibles de la serie, y descubrimos algunas historias alrededor de su relación con Mercero y con el rodaje.
Como siempre, el punto de partida es la televisión que recordamos, pero la conversación acaba llevándonos mucho más lejos: cómo se rodaba entonces, qué recordamos realmente de aquellas series y cuánto de aquella televisión sigue funcionando cuando la volvemos a mirar con cincuenta años.
Y sí: también tenemos comentarios de los oyentes, recuerdos, cachondeo y una despedida que marca definitivamente el final del antiguo feed de La ACHUS Presenta.
Cuatro comentarios.
Cuatro.
Justo ahora.
Justo en la semana en la que volvemos de vacaciones.
Yo no quiero señalar a nadie, pero aquí hay una planificación que ya quisieran en algunas multinacionales. Nos vamos dos semanas, aparecen comentarios a patadas. Volvemos, cuatro.
Cuatro.
Esto es como cuando uno se marcha de la oficina pensando que, a la vuelta, se habrá acumulado una montaña de trabajo y luego resulta que no ha pasado nada. Que tampoco es malo, ojo... pero después de haber cogido carrerilla con los siete, seis y demás barbaridades del verano, uno esperaba encontrarse al salón completamente desatado.
Pues no.
El salón ha vuelto a su ser.
Cuatro comentarios.
Los cuatro jinetes.
Los cuatro de siempre.
Y tampoco vamos a quejarnos demasiado, porque ya conocemos el funcionamiento de esta casa. Aquí la participación tiene sus ciclos naturales: abundancia, sequía, abundancia, sequía... como si esto fuera un embalse gestionado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Y entre una cosa y otra aparece J.J. Squawkers, de Athena, con sus pájaros, sus enemigos, sus disparos y ese tipo de estética japonesa que hace que uno se pregunte qué demonios estaban tomando los diseñadores a finales de los 80 y principios de los 90.
Aunque tampoco vamos a hacer sangre.
Que bastante tenemos con haber vuelto de vacaciones.
Porque volver al trabajo ya es suficientemente parecido a un game over como para añadirle dificultades.
Así que aquí estamos otra vez.
Se acabó la playa.
Se acabó el daiquiri.
Se acabó el noble propósito de poner morena la Cuca.
Y vuelta a editar.
Cuatro comentarios.
Cuatro.
No está mal.
Podría ser peor.
Podrían ser tres.
Que no descartemos nada.
⚠️ Y recordatorio importante para los que todavía viven en el viejo mundo: el Arcade De La Semana ya tiene feed propio.
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A primeros de septiembre desaparecerá definitivamente La ACHUS Presenta, aquel maravilloso cajón de sastre donde metíamos todo como quien guarda cables en un cajón y luego pretende encontrar el cargador correcto a la primera.
A partir de entonces, cada cabecera tendrá su propio feed: Teleindiscretos, MS-DOS Club y El Arcade De La Semana.
Id cambiando la suscripción.
Que después de las vacaciones no estamos para hacer soporte técnico a domicilio.
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Y nada...
Bienvenidos de nuevo.
Se acabó lo bueno.
Cuatro comentarios.
La vida vuelve a su cauce.
Seis comentarios.
Yo creo que lo hacéis a propósito.
Decimos que estamos de vacaciones, que vamos a desconectar un poco, que ya volveremos cuando toque, que no hay prisa, que esto lleva trescientas y pico semanas funcionando y que por parar un par de ellas tampoco se va a hundir el mundo...
Y vais y mandáis seis comentarios.
Pues nada.
Aquí me tenéis.
He tenido que venirme un rato de la playa —a la que estoy yendo religiosamente todos los días— para editar esta mierda.
Que tampoco es que estuviera allí haciendo nada improductivo. Tengo un objetivo. Un propósito. Una misión: ponerme la Cuca morena.
Y no es tan fácil como parece.
Porque hay que encontrar el punto exacto. Ni poco, que entonces uno vuelve a casa con el mismo tono de siempre y ha perdido la tarde, ni demasiado, porque te puedes pasar y ponerla roja en exceso e hipersensible al roce.
Aunque... ¿a quién quiero engañar?
Llevo cerca de treinta años con la misma mujer.
Entre roce y roce me da tiempo a ponerla roja, morada, negra y devolverla a su color habitual diez o doce veces.
Pero...
¿Qué os estaba diciendo?
Ah, sí.
Que el rato que estoy aquí editando vuestros comentarios no me está dando el sol donde debería.
Y eso, estoy seguro, es algo que llevaréis en vuestra conciencia.
Dead Connection, de Taito, es el culpable de todo.
Y os voy a ser sincero: nunca he terminado de pillarle el punto al juego. No sé. Hay arcades con los que uno conecta inmediatamente, y otros con los que, por mucho que lo intentes, existe una especie de distancia emocional.
Pues este es uno de esos para mí.
Pero claro...
Ahora que lo pienso, tampoco tengo que preocuparme demasiado por lo que me haya parecido a mí.
Puedo escucharos.
Puedo volver a la playa, tumbarme en la hamaca, pedirme un daiquiri y escuchar tranquilamente vuestras opiniones sobre el juego.
Que para algo me habéis hecho currar durante mis sacrosantas vacaciones.
Así que eso haré.
Y si descubro que todos pensáis que Dead Connection es una obra maestra y que el problema soy yo...
Pues ya os contestaré desde la playa.
Con la Cuca morena.
O roja.
Dependiendo de cuánto tarde en terminarme el daiquiri.
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A primeros de septiembre desaparecerá definitivamente el viejo feed de La ACHUS Presenta, esa comuna digital donde convivían todos los programas sin orden, sin concierto y, en ocasiones, sin que nadie supiera muy bien dónde estaba cada cosa.
A partir de entonces, cada cabecera tendrá su propia casa: Teleindiscretos, MS-DOS Club y, por supuesto, El Arcade De La Semana.
Así que id cambiando la suscripción.
Que no quiero tener que volver de la playa, además de para editar seis comentarios, para ir casa por casa configurándoos el móvil.
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Hasta la próxima.
Yo vuelvo a la playa.
Y vosotros...
a vuestra conciencia.
Siete comentarios.
Siete.
Basta que digamos que nos vamos a tomar un par de semanas de vacaciones para que os volváis locos.
Ya os estoy viendo, como la psicópata de mi jefa, esperando pacientemente a que uno se vaya para empezar a acumularle trabajo. Que cuando vuelva de vacaciones abra el correo, mire la pila de cosas pendientes y se plantee seriamente si no habría sido mejor pasarse agosto trabajando.
Pues igual.
Porque nosotros decimos: «Bueno, paramos un par de semanas, descansamos, aprovechamos el verano, las Cosas de Molar™ y ya volveremos a finales de agosto».
Y vosotros...
¡PAM!
Siete comentarios.
Así no hay quien desconecte.
Claro que también os digo una cosa: yo dije que no iba a publicar nada hasta finales de agosto.
Y aquí me tenéis.
Aprovechando una pequeña pausa entre las Cosas de Molar™ para subir, por lo menos, un capítulo.
Que luego la gente se acostumbra a tener vacaciones y pasa lo que pasa.
Que llegan siete comentarios.
Que el programa se queda esperando.
Que se acumula el trabajo.
Que uno termina pareciéndose a su propia jefa.
Y eso sí que no.
Así que aquí está A.B. Cop, de Sega, con sus siete comentarios y su correspondiente episodio, demostrando que este salón, cuando quiere, todavía es capaz de ponerse las pilas.
Ahora bien.
Tampoco os vengáis demasiado arriba.
Que esto es una excepción.
La semana que viene volvemos a las vacaciones.
O no.
Porque como lleguen otros siete audios, igual tenemos que pedir una excedencia para poder descansar de tanto éxito.
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Así que id cambiando la suscripción.
No queremos que dentro de un mes haya alguien preguntando por qué hemos dejado de publicar.
Que bastante tenemos ya con siete comentarios.
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Y nada.
Que disfrutéis del verano.
De las vacaciones.
De las Cosas de Molar™.
Y, sobre todo...
Dejad de mandar tantos comentarios, coño, que queremos descansar.
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