Los hijos de Dios debemos cultivar una actitud diferente a la del mundo.
El apóstol Pablo le dijo a los Filipenses (2:5) lo siguiente: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús”.
Cuando tenemos una actitud como la del Señor y cultivamos pensamientos correctos en nuestra mente, la vida se vuelve brillante y nuestros ojos se abren para ver las grandes bendiciones de Dios que, con una actitud equivocada, nos es imposible contemplar.
Lo invito durante esta semana para que meditemos en este asombroso tema: “Nuestra actitud”.